25 diciembre 2025

Mision: M1 COLD START & TAKE OFF [Campaña Shahid Guardian]

Bajo el sol implacable del Golfo Pérsico, el joven piloto conocido como Shahid 1-1 se encontraba ante su primera prueba verdadera en el programa de entrenamiento. Aquella mañana, en la vasta extensión de la base aérea de Bandar Abbas, su Mirage F1EE aguardaba en el parking como un depredador dormido, listo para despertar. La misión era sencilla en apariencia, pero exigía precisión absoluta: iniciar el motor en frío, ese delicado ritual en el que el Atar 9K-50 debía cobrar vida sin traicionar al piloto con un arranque defectuoso. Una vez encendido el corazón de la bestia, debía taxear con calma hacia la pista, alinearse y despegar con la fuerza contenida de un halcón que abre sus alas. En el aire, el desafío continuaba. Tres circuitos visuales alrededor de la base, descendiendo y ascendiendo en patrones perfectos, tocando la pista dos veces con la suavidad de una caricia antes de detenerse definitivamente en la tercera. Cada maniobra era una conversación entre el hombre y la máquina: el viento, el calor, el peso del combustible y la respuesta inmediata del avión. No había enemigos, ni misiles, ni amenazas externas. Solo el piloto, su Mirage y la necesidad de demostrar que podía dominar lo básico antes de aspirar a lo extraordinario. Al final, cuando las ruedas tocaron tierra por última vez y el rugido del motor se apagó, Shahid 1-1 sabía que había superado la primera puerta hacia su destino como guardián del cielo iraní.

INTRODUCCION INMERSIVA:
El sol abrasador de las 08:00 calcina el asfalto de Bandar Abbas Intl (OIKB), transformándolo en un espejo ondulante de calor que quema los pulmones con cada inspiración, mientras la Misión 1: Cold Start & Takeoff de la campaña "Shahid Guardian" en DCS World catapulta al piloto, como Shahid 1-1 (Lead) del 102º Escuadrón de Cazas Tácticos IRIAF, al borde del desafío inicial con el Aerges Mirage F1EE, un halcón persa que encarna el espíritu del trofeo F1EQ capturado en 1991. El aire, denso y salado, vibra con el eco melancólico del adhan del muecín desvaneciéndose tras las dunas, mientras un viento de 330°/10kt arrastra granos de arena que fustigan la piel como agujas y arrastran un hedor penetrante a queroseno JP-5 quemado, mezclado con el salitre del Golfo Pérsico. El objetivo es un mandato sagrado: arrancar en frío el rugiente Atar 9K-50, taxear con nervios de acero, despegar desde RWY 33, trazar tres circuitos quirúrgicos a 1500 ft AGL con touch-and-go, y aterrizar sin un solo error, todo con un loadout ligero (tanques 400L, 15,200 kg). El walkaround es un ritual místico: las botas rechinan sobre grava candente que cruje como brasas, las manos enguantadas acarician el fuselaje del BT-01 –el metal arde como una forja, las alas delta polvorientas raspan las yemas, la probe retraída reluce como una daga pulida, el pitot libre silba con el viento–. El wingman Shahid 1-2, con el rostro perlado de sudor bajo su casco, lanza un “¡Inshallah, Lead!” gutural, su voz casi ahogada por el zumbido de un F-4D Phantom rugiendo en un hangar cercano. En el cockpit, el calor es un abrazo sofocante; el asiento Martin-Baker Mk10 gime al sentarte, los arneses muerden los hombros como garfios, la máscara O2 apesta a goma rancia y sudor viejo, y el visor del casco refleja destellos cegadores del sol. La batería despierta con un zumbido eléctrico que resuena en los molares, las luces del cockpit parpadean como ojos vivos, y el INS (N27°12'22" E056°22'37") canta un whine agudo que perfora los tímpanos mientras alineas coordenadas con dedos temblorosos. El arranque del Atar es un duelo contra el tiempo: el starter gime como un lobo herido, el N1 trepa con agonía (>20%), el EGT debe mantenerse bajo 650°C o el motor escupirá un hot start –un rugido traicionero, un destello rojo en el gauge, y un hedor imaginario a combustible chamuscado–. El taxeo sacude el cuerpo, el stick vibra en la palma sudorosa, el olor a JP-5 inunda la cabina como un perfume tóxico, y el despegue a 140kt VR aplasta las costillas contra la columna, el Golfo Pérsico explotando en un lienzo turquesa bajo un haze ardiente que quema los ojos. Los circuitos son una danza mortal: flaps 100%, el stick tiembla como un ser vivo, el rugido del Atar retumba en el esternón, el sudor gotea bajo el casco, y la final a 160kt exige alinear la nariz con la pista mientras las playas doradas de Kish y los barcos mercantes distantes giran en un torbellino periférico, con el wingman en echelon derecho como una sombra fiel. El RTB, con fuel >4.5, trae un aterrizaje suave; los spoilers chasquean como un latigazo, el canopy se abre a un viento cálido que huele a sal, asfalto quemado y triunfo. El Comandante Reza, desde la torre, observa con ojos de halcón, su silueta recortada contra el cielo. Éxito suma +1 al logbook, un paso hacia M2; un fallo –hot start, un overrun– condena a repetir bajo su juicio implacable, con el eco de su voz resonando: “¡Shahid 1, el Atar no perdona!” ¡Allahu Akbar, Shahid 1-1, el cielo persa arde con vuestra gloria!